La Diosa Minerva

Nuestras discordias tienen su origen en las dos más copiosas fuentes de calamidad pública: la ignorancia y la debilidad. Simón Bolívar

01 diciembre 2005

Fahrenheit 451


Autor: Ray Bradbury
Género: Ciencia Ficción

Fahrenheit 451 ofrece la historia de un sombrío y horroroso futuro. Montag, el protagonista, pertenece a una extraña brigada de bomberos cuya misión, paradójicamente, no es la de sofocar incendios, sino la de provocarlos para quemar libros. Porque en el país de Montag está prohibido leer. Porque leer obliga a pensar, y en el país de Montag está prohibido pensar. Porque leer impide ser ingenuamente feliz, y en el país de Montag hay que ser feliz a la fuerza. La novela más célebre de Ray Bradbury, maestro de la ficción científica.

2 Comentarios:

At febrero 02, 2006 8:38 p. m., Blogger Raymon OtraVidaesPosible dice...

Pinceladas del libro:

El autor exhorta al lector a reflexionar a conciencia sobre una hipotética sociedad degenerada por la abyecta manipulación que impone un régimen cualquiera. Un sistema que posee ciertas similitudes con el capitalismo abrasivo en el que actualmente vegetamos. Impera el control de los individuos sumidos éstos en el escalafón más insondable de la ignorancia. El objetivo radica en supeditar al individuo a un desaforado hedonismo, en el que, no es pertinente preguntarse el porqué de las cosas. El sistema proporciona todos los medios a su alcance para cubrir todas las necesidades de la ciudadanía, de esta forma y subrepticiamente, desvía la atención con futilidades innecesarias, generando deliberadamente un rechazo “natural” a la espiritualidad inmanente de las personas. Para ello es necesario eliminar, con aparente benevolencia, la información que puede inducir al individuo a discernir con claridad, porque de lo contrario, la transgresión del colectivo descontento podría producirse. Indefectiblemente se suprime el abanico de argumentos necesarios para que un sujeto alcance un razonamiento objetivo fundamentado. La manipulación paulatinamente genera un colectivo conformado por autómatas, que tácitamente conminan a la conversión sistemática de sus semejantes, eliminando cualquier disidente contumaz.

La influencia de Clarisse induce en Montag una curiosidad evocadora por lo prohibido: leer libros. Le hace preguntarse desde hace mucho tiempo si él era feliz. Por orgullo afirma que es muy feliz, pero en lo más interno es sabedor de la falsedad.

Clarisse es una joven que vive la vida apasionadamente; disfruta cada momento y cada sensación como si fuese la última. En definitiva, se deleita con la belleza de la cosas. Hace que Montag analice su monótona vida y propicia que se haga preguntas sobre su forma de vivir. Clarisse interroga cándidamente a Montag sobre el sentimiento que experimenta como enamorado. Éste intenta evadir la indiscreta pregunta; pero es conocedor que su sensualidad desvaneció años atrás: ni siquiera lo recuerda.

Clarisse simplemente actúa como detonador de una actitud latente en Montag.

Clarisse comparte sus conclusiones con Montag, y expresa que la gente no escucha y que no habla de nada interesante.

Montag no entiende cómo en uno de sus servicios la mujer que regenta la casa se suicida al verse desolada por la quema de sus libros. Montag se pregunta qué tendrán esos libros para que un ser humano reniegue del mundo sin más.

Montag comienza a sentirse desolado y confuso; comparte junto con Mildred, su mujer, un profundo vacío (ella es un producto de la sociedad. Tiene una percepción de que todo marcha bien en su entorno, y en el sistema en general). La consternación de Montag es tomada por Mildred con acritud e indiferencia. Bajo su pesar reflexiona sobre su actual situación; todo se reduce a que la gente no piense. La televisión encasillada entre cuatro paredes escupe pedagógicamente que se debe pensar, obnubilando las mentes e implantando el control de pensamiento.

El bombero profundiza en el hecho que, detrás de cada libro ha existido un hombre, una vida, un cúmulo de sentimientos y experiencias edificantes. Los libros “muestran los poros del rostro de la vida”.

Montag comienza a analizar el entorno que lo asfixia. Observa con detenimiento las relaciones personales, especialmente las amistades de Mildred, ya que éstas conversan con extrema frivolidad desdeñando los sentimientos afectivos de sus propias familias. Sólo se aprecian relaciones basadas en el entretenimiento y el egoísmo.

 
At febrero 02, 2006 8:39 p. m., Blogger Raymon OtraVidaesPosible dice...

Frases para reflexionar:

“Clarisse le dice que en este mundo nadie escucha nada”

“Si no quieres que un hombre se sienta políticamente desgraciado, no le enseñes dos aspectos de una misma cuestión, para preocuparle; enséñale sólo uno. O, mejor aún, no le des ninguno”

“Dale a la gente concursos que puedan ganar recordando la letra de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de Estado, o cuánto maíz produjo IOWA el año pasado. Atibórralos de datos no combustibles, lánzales encima tantos «hechos» que se sientan abrumados, pero totalmente al día en cuanto a información. Entonces, tendrán la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se mueven sin moverse. Y serán felices, porque los hechos de esta naturaleza no cambian. No les des ninguna materia delicada como Filosofía o Sociología para que empiecen a atar cabos. Por ese camino se encuentra la melancolía. Cualquier hombre que pueda desmontar un mural de televisión y volver a armarlo luego, y, en la actualidad, la mayoría de los hombres pueden hacerlo, es más feliz que cualquier otro que trata de medir, calibrar y sopesar el Universo, que no puede ser medido ni sopesado sin que un hombre se sienta bestial y solitario.”

“Tenemos todo lo necesario para ser felices, pero no lo somos.”

“¿Adónde iremos a parar? ¿Podrían ayudarnos los libros?
-Sólo si la tercera condición necesaria pudiera sernos concedida. La primera, como he dicho, es calidad de información. La segunda, ocio para asimilarla. Y la tercera: el derecho a emprender acciones basadas en lo que aprendemos por la interacción o por la acción conjunta de las otras dos”

"La mayoría de nosotros no podemos andar corriendo por ahí, hablando con todo el mundo, ni conocer todas las ciudades del mundo, pues carecemos de tiempo, de dinero o de amigos. Lo que usted anda buscando, Montag, está en el mundo, pero el único medio para que una persona corriente vea el noventa y nueve por ciento de ello está en un libro. No pida garantías, no espere ser salvado por alguna cosa, persona, máquina o biblioteca. Realice su propia labor salvadora, y si se ahoga, muera, por lo menos, sabiendo que se dirigía hacia la playa."

"Los hombres-libro ¿No ha oído hablar de ellos? Son personas que desaparecieron, algunas que fueron detenidas y lograron escapar, otras que fueron libertadas y otras que antes de que las arrestaran se retiraron a un lugar oculto, a la tierra de los bosques, las granjas y las colinas. Viven allí en pequeños grupos, donde la ley no les puede alcanzar. Su vida es apacible y no hacen nada que esté prohibido. Aunque aquí en la ciudad no estarían mucho tiempo en libertad.”

“Si están ocupados, los mantendremos felices”

“Más deportes para todos, espíritu de grupo, diversión, y no hay necesidad de pensar, ¿eh? Organiza y superorganiza superdeporte. Más chistes en los libros. Más ilustraciones. La mente absorbe menos Y menos. Impaciencia. Autopistas llenas de multitudes que van a algún sitio, a algún sitio, a algún sitio, a ningún sitio. El refugio de la gasolina. Las ciudades se convierten en moteles, la gente siente impulsos nómadas y va de un sitio para otro, siguiendo las mareas, viviendo una noche en la habitación donde otro ha dormido durante el día y el de más allá la noche anterior”

“¿Qué es más fácil de explicar y más lógico? Como las universidades producían más corredores, saltadores, boxeadores, aviadores y nadadores, en vez de profesores, críticos, sabios, y creadores, la palabra «intelectual», claro está, se convirtió en el insulto que merecía ser. Siempre se teme lo desconocido. Sin duda, te acordarás del muchacho de tu clase que era excepcionalmente «inteligente», que recitaba la mayoría de las lecciones y daba las respuestas, en tanto que los demás permanecían como muñecos de barro, y le detestaban. ¿Y no era ese muchacho inteligente al que escogían para pegar y atormentar después de las horas de clase? Desde luego que sí. Hemos de ser todos iguales. No todos nacimos libres e iguales, como dice la Constitución, sino todos hechos iguales. Cada hombre, la imagen de cualquier otro. Entonces todos son felices, porque no pueden establecerse diferencias ni comparaciones desfavorables. ¡Ea! Un libro es un arma cargada en la casa de al lado. Quémalo. Quita el proyectil del arma. Domina la mente del hombre. ¿Quién sabe cuál podría ser el objetivo del hombre que leyese mucho? ¿Yo? No los resistiría ni un minuto”

“Has de comprender que nuestra civilización es tan vasta que no podemos permitir que nuestras minorías se alteren o exciten. Pregúntate a ti mismo: ¿Qué queremos en esta nación, por encima de todo? La gente quiere ser feliz, ¿no es así? ¿No lo has estado oyendo toda tu vida? «Quiero ser feliz», dice la gente. Bueno, ¿no lo son? ¿No les mantenemos en acción, no les proporcionamos diversiones? Eso es para lo único que vivimos, ¿no? ¿Para el placer y las emociones? Y tendrás que admitir que nuestra civilización se lo facilita en abundancia.”

“Una cosa más -dijo Beatty-. Por lo menos, una vez en su carrera siente esa comezón. Empieza a preguntarse qué dicen los libros. Oh, hay que aplacar esa comezón, ¿eh? Bueno, Montag, puedes creerme, he tenido que leer algunos libros en mi juventud, para saber de qué trataban. Y los libros no dicen nada. Nada que pueda enseñarse o creerse. Hablan de gente que existe, de entes imaginarios, si se trata de novelas. Y si no lo son, aún peor: un profesor que llama idiota a otro filósofo que critica al de más allá. Y todos arman jaleo, apagan las estrellas y extinguen el sol. Uno acaba por perderse.”

“¿Nos divertirnos tanto en casa que nos hemos olvidado del mundo? ¿Acaso somos tan ricos y el resto del mundo tan pobre que no nos preocupamos de ellos? He oído rumores. El mundo padece hambre, pero nosotros estamos bien alimentados. ¿Es cierto que el mundo trabaja duramente mientras nosotros jugamos? ¿Es por eso que se nos odia tanto? También he oído rumores sobre el odio, hace muchísimo tiempo. ¿Sabes tú por qué? ¡Yo no, desde luego! Quizá los libros puedan sacarnos a medias del agujero. Tal vez pudieran impedirnos que cometiéramos los mismos funestos errores.”

“¿quién se ha arrancado alguna vez de la garra que le sujeta una vez se ha instalado en un salón con televisor? ¡Le da a uno la forma que desea! Es medio ambiente tan auténtico como el mundo. Se convierte y es la verdad.”

“-¡Lástima, Montag, lástima! No les hostigues ni te burles de ellos. Hasta hace muy poco, tú también has sido uno de esos hombres. Están tan confiados que siempre seguirán así. Pero no conseguirán escapar. Ellos no saben que esto no es más que un gigantesco y deslumbrante meteoro que deja una hermosa estela en el espacio, pero que algún día tendrá que producir impacto. Ellos sólo ven el resplandor, la hermosa estela, lo mismo que la veía usted.”

“Teme usted cometer errores. No tema. De los errores, se puede sacar provecho. ¡Si cuando yo era joven arrojaba mi ignorancia a la cara de la gente! Me golpeaban con bastones. Pero cuando cumplí los cuarenta años, mi romo instrumento había sacado una fina y aguzada punta. Si esconde usted su ignorancia, nadie le atacará y nunca llegará a aprender”

“»Cuando en la oscuridad olvidamos lo cerca que estamos del vacío -decía mi abuelo- algún día se presentará y se apoderará de nosotros, porque habremos olvidado lo terrible y real que puede ser.»

«Llena tus ojos de ilusión -decía-. Vive como si fueras a morir dentro de diez segundos. Ve al mundo. Es más fantástico que, cualquier sueño real o imaginario. No pidas garantías, no pidas seguridad. Nunca ha existido algo así. Y, si existiera, estaría emparentado con el gran perezoso que cuelga boca abajo de un árbol, y todos y cada uno de los días, empleando la vida en dormir. Al diablo con esto -dijo-, sacude el árbol y haz que el gran perezoso caiga sobre su trasero.»”

“Cuando uno muere, todo el mundo debe dejar algo detrás, decía mi abuelo. Un hijo, un libro, un cuadro, una casa, una pared levantada o un par de zapatos. O un jardín plantado. Algo que tu mano tocará de un modo especial, de modo que tu alma tenga algún sitio a donde ir cuando tú mueras, y cuando la gente mire ese árbol, o esa flor, que tú plantaste, tú estarás allí. «No importa lo que hagas -decía-, en tanto que cambies algo respecto a como era antes de tocarlo, convirtiéndolo en algo que sea como tú después de que separes de ellos tus manos. La diferencia entre el hombre que se limita a cortar el césped y un auténtico jardinero está en el tacto. El cortador de césped igual podría no haber estado allí, el jardinero estará allí para siempre.”

 

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