Ensayo sobre la Ceguera

¿Cómo reaccionaría si de repente los que le rodean van contagiándose de una ceguera repentina sin causa aparente, en la que usted también resulta afectado/a? ¿Cómo se sentiría si, en un caso así tratasen de ocultar tanto su dolencia como la de los demás?
Este es el escalofriante punto de partida de uno de los trabajos mas desgarradores y vitales de José Saramago en el que, fiel a su estilo, somete al ser humano a las situaciones mas extremas de supervivencia y lucha por la vida, superando las barreras de la opresión e incomprensión del mundo caótico que nos rodea.
La acción transcurre en cualquier ciudad de cualquier país, en la que de un día a otro sus habitantes se van sumiendo en una ceguera física que se irá convirtiendo en una verdadera pandemia; éstos son recluidos en un antiguo edificio bajo férreas medidas de seguridad y con una precariedad de medios básicos para sobrevivir, como alimentos y artículos de aseo, que los llevará a enfrentarse tanto con el prójimo como con las autoridades que los amparan, que pretenden ocultar el hecho a toda costa.


1 Comentarios:
Ensayo sobre la ceguera es un libro que uno no debe dejar de leer. Un inconveniente, si no se es asiduo al autor – ese es mi caso-, es la ausencia de guiones y de punto y coma, donde abundan los diálogos que comienzan por mayúsculas. Esta peculiaridad lleva al lector a perder el hilo del hablante, originando un desconcierto de personajes. No obstante, no cuesta mucho trabajo acostumbarse.
Saramago me hace reflexionar sobre las cosas que me rodean y que, como habitual que es, no presto importancia. La alegoría que expone representa la sociedad donde vivimos. Nos invade - sin conocimiento - una ceguera colectiva gobernada por un desenfrenado egoísmo, una evidente falta de objetividad, y un egocentrismo generado por el apego a lo material. Pero ante todo, la enjundia de la trama reside en los indefensos que estamos ante una adversidad como la que acontece en la novela: una inexplicable ceguera. Una privación como la de la vista podría hacer temblar las seguras bases en las que se apoya nuestra civilización.
El autor somete al ser humano a una situación límite. Imagina escenarios extremos de supervivencia y de lucha por la vida, como son la reclusión en el manicomio o los ambulantes trayectos por el centro de la ciudad. Enfatiza situaciones crudas y violentas que verdaderamente me sobrecogieron. Describe con rigor rasgos primarios inherentes al ser humano: egoísmo innato, envidia, cobardía, etc. Por añadidura, muestra el animal que llevamos en el interior y que actúa por instinto. En mi humilde opinión, ante las miserias humanas que relata, asistimos al cambio de smoking – que representa la circunspección - por el de piel de carroñero que lucha por sobrevivir – que representa a la bestia que llevamos dentro.
El valor y la fuerza es el contrapunto de la trama, que, por increíble que parezca, emerge de nuestro inescrutable ser. Es como si una parte racional que todos tenemos dentro apareciera de la nada, de donde no puede surgir más que desprecio por un semejante. La conmiseración triunfa en el abigarrado caos. Creo que en parte, es debido a la esperanza que manifiestan los personajes por recuperar la vista. La mixtura de salvajismo y amor hacia el prójimo, propicia una reflexión sobre la tolerancia, el respecto y la solidaridad ante las eventualidades que se originan. El papel filantrópico lo encarna la mujer del oftalmólogo, que con su actitud, emplaza al lector a suplantarla. ¿Cómo actuaríamos cada uno de nosotros si estuviéramos en su pellejo?
Particularmente el libro no me parece demasiado pesimista. Es exactamente lo que se puede esperar de nuestra especie en un escenario como el que se expone. Sin embargo, pienso que se podía aportar más facetas desgarradoras a la historia. El supuesto marco caótico es perfecto, se podría acentuar todavía más lo abyecto del ser humano; se pierde una oportunidad de desarrollo perfecta. El final de la novela, asimismo, me dejó algo confuso. Lo quiero entender como una lección del “emperador de la creación” al ser humano. Bajo su auspicio, somete a la humanidad a unas circunstancias infranqueables de las que nuca puede salir victorioso. El omnipotente, reta al individuo a una prueba que no puede superar, empujando del pedestal al vacío al ser racional e invulnerable que ha trascendido de una sociedad podrida que el mismo ha elaborado.
Aún así, y bajo tanto sufrimiento, Saramago muestra cómo todavía permanecen individuos que postulan los principios por los que se rige la sociedad actual; éstos no han aprendido absolutamente nada de las adversidades con las que se han enfrentado. Esta circunstancia se vislumbra en los discursos acontecidos en las plazas de la ciudad por las que atraviesan los protagonistas.
Uno de los mensajes más claros lo simboliza la mujer, el único personaje que puede ver. Representa "la responsabilidad de tener ojos". Es una símil sobre el hombre moderno que, conminado por las circunstancias, asiste a la ceguera colectiva del resto de individuos que lo rodean. Estos obnubilados, permanecen inmersos en el falaz destino que imprime el desaforado capitalismo. La actuación de la mujer del oftalmólogo, al igual que la del hombre moderno de esta sociedad, refleja la desolación, la desesperación y la impotencia de comprobar que la situación los desborda y desalienta, y no pueden hacer más de lo que imponen las circunstancias. Por añadidura, visionan la realidad como espectadores que sufren ante la degeneración de la especie que más aman.
¿Cómo debe actuar el hombre cuerdo que asiste a la degradación de los miles de ciegos con los que convive?
JRV.
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